lunes, 17 de octubre de 2011

ECHA AFUERA ESE LAMENTO


Nada de expresiones serias en el rostro como si fuéramos el centro del universo.
Cuando uno es capaz de salir de su centro sabiendo que el mundo no está girando a su alrededor, entonces suelta su vanidad y sonríe, porque puede percibir la bella armonía del cosmos, donde todo finalmente termina bien. Así uno se libera de un peso terrible: la obligación de ser el responsable del funcionamiento de todo el universo.

¿Cuánto vale un atardecer, un momento de diálogo amable con un amigo, una fiesta distendida,el gozo de poder trabajar o de hacer algo que me gusta, el contacto con la naturaleza? Ciertamente, cualquiera de estas cosas vale más que la obsesión por ser aplaudido, elogiado, admirado, aprobado.


Entonces no te pierdas este atardecer, este amigo, este momento, a causa de la queja interior por no ser alabado, aplaudido, reconocido, por el veneno de la competencia y la vanidad que se han convertido en un lamento profundo. Echa fuera ese lamento, decláralo tu enemigo, recházalo como dueño de tu alma, suéltalo de una vez. Porque,<<¿qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?>> (Mt 16,26). Y sonríe descubriendo que lo tonto es retener esa queja y lo bueno echarla fuera.


De este modo, uno puede quitarle importancia a su orgullo lastimado y lograr soltar su yo sobredimensionado.




Pág. 211 - Claves para vivir en plenitud - Edic. San Pablo

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